Yuki llegó a Sevilla sin saber nada de español, con miedo a hacer el ridículo. Su primera clase de flamenco fue la clave: cuando el idioma falla, el cuerpo habla. Y cuando el cuerpo empieza a hablar, el idioma sigue.
En seis semanas de programa Residente, Yuki pasó de no poder pedir un café a escribir emails profesionales y mantener conversaciones filosóficas con locales sevillanos.